Uvas calientes

Uvas calientes

.En la fiesta empieza a hacer mucho calor

Aurora acude a la fiesta del brazo de su marido. Está espectacular, un vestido negro ceñido muestra toda su feminidad. Largas piernas cadera marcada pechos proporcionados. En su cara angelical destacan unos ojos verde esmeralda. Como remate una larga meleno azabache se desparrama por sus hombros. Todo el mundo se gira para mirarla.

Antonio no es precisamente un adefesio ronda los cuarenta años pero para nada parece que tenga esa edad. Alto y corpulento, trabajado en el gimnasio. Moreno de piel de ojos negros y barbilla muy marcada. Un traje azul a medida marca sus portentosas nalgas.

Deambulan por la sala alternando los diferentes corros que se han formado con una copa en la mano esperando la cena. En ese momento descubre a Jaime. Discretamente tírale la manga del traje de su marido y señala hacia donde está el muchacho con la cabeza. Su marido hace un gesto con la boca y le guiña un ojo. Evidentemente los dos están compinchados.

  • Lo he convencido para que viniera» le dice discretamente al oído.
  • Pero él no puede estar aquí ¿Y si su madre se entera? Contesta sorprendida.
  • Es un riesgo que podemos asumir ¿No crees? Además, es el hijo de la anfitriona. Le dice su marido sonriendo aún más.
  • Ya, pero nunca va a sus fiestas.
  • Bueno, a esta sí.

Mientras está teniendo esta conversación no se da cuenta de que el chico se ha acercado a la pareja. Pero no tarda  en darse cuenta de este hecho al recibir el roce de su mano en una de sus nalgas. Tensa su espalda como si fuera un resorte y se gira para encontrar los ojos del muchacho mirándola fijamente.

  • No sabía que conocías a mi hijo dice una voz a su espalda. Es Lucía su jefa directa en el bufete de abogados donde trabaja.
  • No creas bueno un día vino a la empresa a buscarte y hablamos un poquito pero…» «Sí es verdad un día vino a buscarme.
  • Me ha sorprendido que haya querido venir a la cena. Normalmente, los chicos de su edad prefieren fiestas para gente más jóvenes y no una llena de boomers como esta. El chico hace un mohín y se aleja sin siquiera contestar.
  • Ay estoy un poco harta de que le dure tanto la edad del pavo… La verdad. Pero bueno estamos aquí para divertirnos ¿no? Dice la anfitriona sin esconder su malestar.

Aurora no le ha contado la verdad ni se la va a contar nunca en su vida. Conoce a Luisito por razones muy alejadas del trabajo. Fue hace ya más de dos meses en un club liberal al que acuden normalmente ella y su marido. Lo vieron en la barra esperando como la mayoría de los chicos que había en el local. Destacaba por su juventud. A pesar de sus 18 años el chico conserva una cara de niño que contrasta con su bien formado y trabajado cuerpo de deportista.

A ella le entró el morbo casi inmediatamente y le comentó a su marido la posibilidad de hacer un trío con él. Antonio que se apunta a cualquier bombardeo swinger aceptó de forma inmediata. La velada fue maravillosa, el chico demostró tener mucho aguante y Aurora disfrutó de lo lindo. Desde entonces se han visto cinco o seis veces en su casa y no ha sido hasta la sexta que se ha dado cuenta de quién era el chico.

La mujer sale de sus pensamientos al notar otra vez una mano pero esta vez subiendo por su muslo desde atrás en dirección a su trasero. Es la de su marido que se ha colocado en la espalda para cubrir perfectamente la maniobra y decirle al oído y «Ya te has puesto cachonda ¿verdad?». Sin contestar a su pregunta le aparta la mano y se aleja en dirección a la barra.

Antonio le da a la cena. Así puede resumirse toda su actuación mientras han estado sentados en la mesa. Le ha estado tocando la pierna por fuera y por dentro y en un par de ocasiones ha subido hasta su vulva. Siembre lo ha frenado con la mano, pero no ha podido evitar ponerse muy caliente.

En una ocasión ha tenido que ir hasta el lavabo para refrescarse o para intentar calmarse con su dedo. Pero ha fracasado en el intento porque al entrar en él se ha encontrado con Luis que la estaba esperando. La cosa no ha pasado de un par de besos apasionados y algún que otro contacto de la mano del chico con sus pechos. Pero en lugar de refrescarse el calor ha aumentado muchísimo.

Durante el postre su marido ha dejado de tocarla pero se ha dedicado a hacerle comentarios al oído. Dicen que por la boca muere el pez pero en el caso de su marido lo que ocurre es que la hace morirse de deseo cada vez que le suelta ese tipo de frases. A sus comentarios se le une las miradas que discretamente le suelta el chico, sentado justamente delante de ella. Son breves pero precisas. Nadie parece darse cuenta pero ella sí. Cada vez está más cachonda, por eso termina rápidamente su mus de limón y se levanta. Decide ir a refrescarse aunque sea con el aire de esa gélida noche. Justo cuando accede a la terraza una mano tira de ella para forzarla a entrar en un pequeño cubículo. Allí dentro está Luis que la retiene mientras le tapa la boca para que no grite. «Tranquila soy yo le dije para calmarla».

  • ¿A qué coño estáis jugando tú y mi marido? ¿Queréis que me despidan? Dice la chica con tono de enfado.
  • No te preocupes mi madre no se enterará de nada. Me llamó hace un par de días la verdad es que yo tenía una fiesta de esas locas llena de chicas de 20 años con ganas de liarse con un centrocampista molón. Pero he preferido estar aquí porque me pones muchísimo. Le contesta el muchacho mientras acaricia su cuerpo de arriba abajo.
  • No intentes camelarme esto no está bien y a mi marido ya lo voy a poner yo los puntos sobre las ies, no sé qué coño se ha creído. Le dice la chica intentando apartar las manos.
  • has dicho ya dos veces la palabra coño y ya sabes cómo me gusta comértelo. Y el chico se arrodilla para colocar su cabeza entre las piernas.

La mujer abandona la resistencia, ya no puede más. Notar cómo las manos del chico apartan el tanga para tener acceso a su vulva ha sido la gota que colma el vaso.
El miedo a ser descubiertos le añade morbo a la perspectiva de liarse otra vez con el chico. No es como una droga. Le encanta montárselo con él pero nunca ha albergado la posibilidad de abandonar a su marido. Simplemente es el bomboncito que se toma de vez en cuando sin olvidar su dieta. Esa noche ese bomboncito se ha vuelto peligroso pero el suave contacto de la lengua del chico con su clítoris le impide pensar ahora todo su cuerpo se centra en aceptar las caricias y los agradables sensaciones que suben desde su bajo vientre.
Pasados unos minutos las sensaciones son ya imparables. Empieza a mover las caderas de forma involuntaria y a sujetar la cabeza del muchacho con fuerza. Sin duda se acerca el orgasmo. Y pinta ser bastante violento.
Justo en ese momento se oye la voz profunda de su marido “me temo que vas a tener que dejar tu trabajo a medias” dice dirigiéndose al muchacho “ya casi son las doce y van a tocar las campanadas” La lengua del chico se para en seco y la mujer suelta un “nooooo” de frustración y enfado.
Minutos después están todos delante del televisor. Tanto su marido como Luis demuestran una gran habilidad al conseguir ingerir las uvas a tiempo con una mano mientras con la otra acarician las nalgas de su mujer. No en vano se han quedado los tres de pie aprovechando que no hay espacio en los sillones.
Caliente como un tizón no ofrece ya ninguna resistencia y ruega para que encuentren en alguna forma de salir de esa fiesta con dignidad. Y satisfacerse con ellos toda la noche.

Inspirado en el juego:

Excitación de persona a dos, interrumpida por uvas

Excitación de persona a dos, interrumpida por uvas
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