Uso y abuso de personas serviciales en fiesta de Fin de Año

Campanadas

La campana humana no es un buen oficio

Luisa se ha pasado toda la noche sirviendo la cena de su amo y sus amigos. Ha tenido suerte porque solo le han ordenado servir la comida y la bebida. Mucho peor lo han pasado Nacho y Margarita. Han estado toda la cena debajo de la mesa haciendo de perritos satisfyer. Su misión ha sido satisfacer oralmente a cualquiera de los comensales cuando se le ordenara. No les ha faltado trabajo seguramente les duelen las mandíbulas.

Pero ahora las cosas han ido a peor. Ahora está arrodillada en la silla, con las piernas y brazos atados a ella, totalmente desnuda, con todos sus orificios expuestos y listos para ser usados.

Los comensales no han hecho ni caso seguramente porque necesitan un tiempo para recuperarse. Pero ha llegado nuevos invitados y esto sí han querido probar los «muebles humanos» Así los han presentado en cuanto han entrado por la puerta.

Hace escasos cinco minutos ha servido de desahogo para un matrimonio. El hombre la ha enculado con fuerza mientras la mujer, apoyando una pierna en el respaldo de la silla, la ha obligado a lamerle la vulva. Ella ha puesto todo el empeño para conseguir su orgasmo. Y como agradecimiento, la mujer ha apartado su vulva y le ha pedido a su marido que detuviera la  sodomía para colocar su pene delante de la cara de Luisa. Con hábiles movimientos de la mano ha conseguido una eyaculación portentosa que ha manchado el rostro de la mujer de arriba abajo.

Pequeñas gotas de semen caen sobre la alfombra, no puede hacer nada por retenerlas atada inmovilizada como está. Piensa que quizá le toque al final de la noche limpiarlas con su lengua. Una vez lo tuvo que hacer y es realmente difícil quitar el semen reseco. Hay que escupir en la mancha varias veces, lamer, volver a escupir y sorber.

Pero de repente se da cuenta de que no lo va a tener que hacer. Una de las bestias de limpieza, así denominadas por la anfitriona, ha ido raudo a lamer el charquito. Se trata de Julián el esclavo de la ama Anubis. Conoce muy bien las consecuencias de no hacerlo.

Mientras contempla la humillante escena una mano la alerta de que va a volver a ser penetrada por un o una desconocida. La primera en usarla ha sido una mujer. O eso ha deducido, porque en lugar de un pene lo que le ha entrado en la vagina ha sido un dildo de grandes proporciones. Lo han notado frío e intrusivo pero esa acción violenta la puesto muy cachonda.

Se ha corrido tres veces, siempre pidiendo permiso. Pero siempre encontrando la misma respuesta «me da igual solo eres un mueble». Nadie le ha pedido retención. Algo que le resulta mucho más humillante que cuando su ama se regodea en sus esfuerzos por no correrse. Por lo menos muestra interés.

Solo el contacto de esa mano la ha vuelto a excitar. No tener control alguno sobre su cuerpo   fue siempre su más frecuente fantasía. Y su ama Clara la ha hecho realidad. Justo cuando se prepara para recibir algo en la vagina se oye una voz grave y autoritaria «Ahora no, la tenemos que preparar».

Dos manos la desatan y la ayudan a levantarse, solo cuando se gira puede ver de quién se trata. Es el maestro de ceremonias quien con desprecio y dirigiéndose a dos de sus lacayos dice «así de guarra no puede subir al escenario. Limpiadla bien y preparadla».

Los dos hombres obedecen al instante y a empujones la llevan hasta un cuarto de baño. Una vez allí la obligan a meterse dentro del plato de la ducha. Uno de ellos toma el teléfono y abre al máximo la llave del agua. Miles de agujas parecen clavarse en el cuerpo de la chica que suelta gritos. El agua está helada, no en vano afuera en la calle está nevando.

La ducha ha durado una eternidad para ella.

  • Como tenemos prisa te vamos a secar con toallas, pero te mereces estar una hora fuera en el balcón para que este airecito tan bueno te quite la humedad». Dice uno de ellos.
  • A esta zorra no le quita la humedad nada. Contesta al otro y ambos se funden en una gran carcajada.

Limpia y seca sale del cuarto escoltada por esos dos hombres que la obligan a subir al backstage. El lugar debe ser un teatro aunque no está muy segura porque ha llegado en el maletero del coche de su ama y ha sido introducida en el lugar con los ojos vendados. Una vez arriba dos chicas, esclavas como ella, la peinan, la visten y la maquillan.

Todo su atuendo es ahora dorado. Zapatos, medias con liguero, corpiño. Tanga no le han puesto. Sus labios y ojos llevan una especial concentración de purpurina dorada. Le han rociado el pelo y toda la piel expuesta con un spray también de purpurina dorada pero menos intenso. Como toque final le han colocado un plug metálico con una imitación de Rubí.

Al salir del camerino se encuentra con otra persona. Es Alfonso el esclavo de Mister strange. Él va totalmente desnudo con el cuerpo entero cubierto de purpurina dorada. También tiene un plug en el culo pero este en lugar de Rubí lleva una imitación de esmeralda.

Los colocan en el escenario uno junto al otro separados por escasos dos metros.

Se abre el telón y una luz potente los ciega. La voz de quien seguramente es el presentador exclama: “He aquí nuestras campanas particulares. Como dice la tradición comeremos las uvas cada una a continuación de su sonido. Aunque me temo que este no va a ser el tintineo típico. Os daréis cuenta cuando escuchéis los cuartos. Recordad que primero van ellos y luego las campanadas de verdad.

Vamos coged cada uno vuestros recipientes con las uvas que ya quedan exactamente 30 segundos.”

La sala al unísono empieza la cuenta atrás 10 9 8. Cuando quedan cuatro todo el mundo calla y en ese mismo instante un objeto contundente choca contra las nalgas desnudas de la chica. El contacto es tan fuerte que no puede evitar soltar un grito.  Ahora comprende la naturaleza del juego. Van a ser ellos quienes, con sus gritos, den las campanadas. La chica recibe tres golpes más que la hacen soltar sendos chillidos y de repente se paran. Por el escozor que siente sus nalgas deben estar marcadas en rojo.

Pero sus pensamientos se detienen cuando se escucha un potente alarido. No se atreve a mover la cabeza pero deduce que están azotando al chico o bien con una gruesa vara o bien con un fuerte látigo. Doce alaridos suelta antes de caer de rodillas. Dos lágrimas caen por sus mejillas.

En otro momento se le habría ordenado ponerse de pie con la amenaza de castigos mucho más crueles, pero ahora se ha desatado un caos de felicitaciones brindis y besos. Todos entre amos. Los muebles humanos y sirvientes simplemente no tienen permiso. Ella permanece de pie sin moverse.

Pasada la histeria típica de esta noche el presentador vuelve a tomar la palabra. “Bueno creo que le debemos un aplauso al esclavo Marcus por su comportamiento”

El público responde aplaudiendo incluso algún Bravo se escapa. Muchos felicitan a mister strange que se pasea como un pavo por la sala orgulloso. Dos esbirros toman de los brazos y le llevan a backstage. Donde sendas esclavas se van a encargar de curar las heridas de sus nalgas.

Ahora está sola en el escenario Luisa, de pie, sin mover un músculo, esperando órdenes.

“Bueno, bueno – el presentador vuelve a tomar la palabra- Ahora quisiera agradecer a la ama Clara su generosa aportación al acto. Estaréis de acuerdo conmigo en qué mis esbirros se merecen un premio y también las esclavas encargadas del maquillaje y la decoración. Por eso y gracias a la ama Clara van a poder tener una recompensa. Van a poder usar a esta esclava el tiempo que quieran siempre y cuando lo hagan delante de todos nosotros.

La chica escucha el discurso horrorizada, es consciente de lo crueles que pueden llegar a ser los esclavos a los que se les da una breve oportunidad de dominar. Va a ser humillada y usada en público. Su clítoris empieza a hincharse.

Inspirado en el juego:

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