El juego erótico sólo es un juego

A la izquierda un tío ridículo, a la derecha dos héroes. En este montaje se ve la diferencia entre cotidianidad y juego.

El juego es un suspensión temporal de las reglas sociales, un espacio donde las cosas son diferentes, un descanso de la presión social, un lugar y un tiempo donde uno puede ser otra persona sin afectar a su identidad.

Cada juego tiene un tiempo definido, se da en un espacio concreto y se regula por unas reglas concretas y consensuadas. Pero, además requiere de la voluntariedad de todos sus participantes. Si algunos no consienten, entonces no es un juego, o no lo es para ellos.

En una sociedad abierta el único requisito para considerar moral o inmoral un juego determinado es que sea seguro, sano y consensuado. Otras consideraciones son propias de regímenes políticos autoritarios.

El fútbol es más injusto que el basket. Al ser de marcador corto (raramente se marcan más de seis goles en un partido), depende mucho más de la suerte. Un equipo flojito, incluso malo, puede ganar a uno potente si es afortunado. En el baloncesto es es mucho más difícil.

A nadie se le ocurría calificar a los jugadores de fútbol como criaturas perversas e injustas. Entonces ¿Por qué si se hace con los participantes en determinados juegos eróticos?

La respuesta es clara: No hemos logrado aún considerarlos juegos sin más. Durante demasiado tiempo hemos dado al Erotismo significados simbólicos en aras de regular la reproducción.

Toda nuestra sexualidad estaba orientada a producir el máximo de individuos para la guerra y las fábricas. Dedicarse al puro disfrute era desviar energía de ese objetivo. Por lo tanto: Sexo por placer = Malo.

Primero fue un pecado, después un delito, después una enfermedad y ahora una parafilia. Algo paralelo a la filia correcta o central. Como paranormal (al margen de lo normal).

El control social de Erotismo, en otros tiempos imprescindible, se ha vuelto inútil. Con los métodos anticonceptivos y a reproducción asistida, podemos controlar con el ficacia la reproducción. Y, además, ya no necesitamos tantos soldados y trabajadores.

No terminamos de quitar todos los añadidos y así es muy difícil disfrutar. Unos ven el Erotismo una forma de encontrar el amor verdadero, otros un tributo a Dios, otros una conexión con el universo  y otros el campo de batalla de la política.

Pero el Erotismo sólo es un juego y como tal debe ser tratado. No importan sus reglas mientras estas sean consensuadas y se disfrute de forma sana y segura.

He escrito esto porque de forma periódica alguien intenta meterse en la cama de los demás para emitir juicios morales.

Que si el que hace una felación es sumiso, que si hay una persona activa y otra pasiva, que si el BDSM es una forma de ocultar los malos tratos, que si el deseo debe supeditarse a la ideología, que si existen formas moralmente superiores de acostarse con una o varias personas.   

De verdad, lo que ocurre durante el juego erótico, si se toma como tal, no define el tipo de relación afectiva. No es más igualitaria porque ambos se den muchos arrumacos y se traten con ternura. Ni lo es menos porque se usen palabras despectivas o se infrinja dolor. Símplemente es una forma de jugar y punto.

De la misma forma que no acusaremos de “militarista” a un aficionado a los wargames, no podemos denominar de psicópata a un o una dominante en un juego D/S.

Juega a lo que te dé la gana siempre que lo hagas de forma segura, sana y consensuada. Y hazlo con espíritu lúdico, sin esperar nada más.

Otra cosa son tus relaciones afectivas. Aquí si debes ser muy firme con tus principios porque la mayoría de los abusos no son consecuencia de juegos eróticos, sino de relaciones tóxicas.

Por lo tanto no te preocupes de si te gusta tal o cual juego, si disfrutas siendo atada o si deseas adoptar un papel activo o pasivo. Esto sólo puede afectar a tu vida normal si dejas que lo haga.

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