¿Qué nos pasa en el futuro?
La monogamia es la formación de familias basadas en una pareja de adultos. Es algo muy diferente de sólo tener relaciones sexuales en exclusiva con tu pareja. Y digo diferente porque en todas las especies monógamas la exclusividad brilla por su ausencia. En el mundo animal todos intentan (y muchas veces lo consiguen) meter cuernos.
Durante toda la Historia la exclusividad ha sido una exigencia teórica para ambos sexos. Pero sólo teórica. En la práctica la regla ha valido sólo para las mujeres. Los varones han podido acceder a mujeres fuera del matrimonio sin más impedimentos que la mala conciencia.
La exclusividad erótica sólo para mujeres tiene su origen seguramente en el Neolítico, cuando la especie humana empezó a criar animales. De la observación de estos en cautividad llegaron a asociar el sexo con la reproducción. Hasta entonces consideraban el embarazo de las mujeres como algo mágico.
La natural predisposición de los machos a evitar criar los hijos de otro condujo a el bloqueo sistemático del deseo sexual femenino y de su libertad. Seguramente ahí se originó la exigencia de exclusividad. El varón quería asegurar la imposibilidad de infidelidades de su o sus mujeres.
Este modelo empezó a entrar en crisis a principios del XX. Bueno, entró en crisis todo el modelo de sexualidad en Occidente. Esta crisis llegó a su punto álgido en los años sesenta cuando se cuestionaron todos y cada uno de los valores de la moral.
Uno de los valores sometidos a crítica fue el de la exclusividad de las mujeres. Se reivindicó entonces la pareja liberal. Digo reivindicar porque estas parejas han existido en la clandestinidad siempre.
Durante los años siguientes hubo un cierto debate. Las costumbres no cambiaron mucho pero en la sociedad se ponía muy en duda la necesidad de mantener la prohibición de tener relaciones fuera de la pareja. Algunas veces para hacerse los progres y otras sin hipocresía.
Quizá la cúspide se alcanzó hacia el año 2000 al 2015. Durante este periodo se popularizaron las “otras sexualidades” y empezaron a caer tabúes. Uno de los más cuestionados fue este de la exclusividad. Hippies, liberales, swingers, poliamorosos se alzaron como alternativa al matrimonio clásico con olor a cerrado y naftalina.
Pasados diez años la situación parece haber revertido de forma dramática. Basta con pasear por las redes para darse cuenta. Estamos frente a una ola conservadora cuya punta de lanza son estos youtubers basados neomachistas y neofranquistas.
Son personas totalmente obcecadas en conseguir mujeres con poca experiencia erótica (Les tienen un miedo atroz a las mujeres libres) para asegurar así su fidelidad ¡Como si eso fuera una garantía! Llegan a decir que salir de fiesta sin el novio es una falta de respeto o que la mujer es exclusiva por naturaleza pero los hombres son promiscuos, también por naturaleza. Y lo peor es ver cómo su mentalidad empieza a hacer mella en los más jóvenes. Es evidente que los partidarios de abolir este absurdo mandamiento de la “exclusividad sexual” no hemos sabido explicarlo. Nos hemos enredado en debates estúpidos y hemos pactado demasiado a menudo con quienes sólo querían la destrucción de nuestras ideas. Hemos abierto una autopista por donde se han vuelto a colar los de siempre. Una persona de finales de los sesenta transportada al 2026 por el famoso Delorian de Regreso al futuro, con sus esperanzas de ver un mundo menos rígido en cuanto a moral sexual, después de ver este panorama sin duda acabaría por preguntar:
¡Ey Doc! ¿Qué nos pasa en el futuro? ¿Nos volvemos gilipollas?