La despedida antes de Navidad

Fran recibe un mensaje en su whasapp. “Ya puedes venir”.

Inquieto y la vez excitado paga la cuenta del bar. Hace aproximadamente veinte minutos Virginia, su amante, lo ha dejado en la mesa tomando un café, no sin antes pedirle la llave de su piso para prepararle la “sorpresa”.

Han quedado en esa cafetería para despedirse. La chica va a ir a pasar las fiestas con su familia a Ponferrada. No la ven desde hace por lo menos tres meses, el último año de la carrera es muy estresante.

Es una pena porque podrían pasar una Navidades muy, muy calientes, a pesar de las nevadas previstas por la entrada de aire frío. Pero la vida es así. Se consuela pensando en cómo se van a poner cuando vuelva en Enero para continuar estudiando.

Al irse, como por accidente, le ha dejado ver durante un segundo el contenido de su bolsa. Aunque no está seguro ha podido apreciar un corsé de color rojo.

Sale de la cafetería en dirección a la calle y encara la ligera subida que lo lleva hasta su casa. No tiene llave, por lo tanto debe llamar al interfono. Le contesta la chica “Data prisa, voy a dejar la puerta abierta”.

Sube las escaleras de dos en dos y llega a la puerta. En el pomo hay una postar navideña colgando de un hilo. Lo descuelga y lee “Felices fiestas cariño, entra en casa”.

Obedece y al acceder encuentra el recibidor a oscuras. Sólo un camino una línea de velas pequeñitas da un poco de penumbra. Es evidente, indican un camio. Decide seguirlo.

Al doblar el pasillo se bifurcan en dos direcciones. Una lo lleva a su despacho y otra al dormitorio. Hay un cartel, pone “Primero pasa por aquí”. En la mesa hay unos boxers rojos y un gorrito de Papá Noel. No hace falta aclaración alguna.

Se desnuda totalmente y se pone los boxers. A sus treinta años está realmente bien. Cuerpo fibrado, sixt pac y un bulto marcado en la entrepierna. No en vano todo ese juego lo está excitando.

Siguiendo el camio de velitas entra en la habitación. Allí en la cama está sin duda Virginia. Eso deduce porque la penumbra es aún más acentuada. Adivina un cuerpo escultural. Parece llevar medias negras y no se ha descalzado. El corpiño rojo si lo adivina. Los pechos parecen más grandes, sin duda algún efecto de la prenda interior.

La cabeza si parece rara, no se adivina nada. Se acerca y la todo se clarifica. Está cubierta por una capucha también de color rojo. Se sienta en la cama y es entonces cuando ve la nota pegada “Este es tu regalo”.

Al quitar la capucha se da un susto. En lugar de la melena rubia aparece un pelo oscuro. Con la penumbra no puede distinguir pero diría que es negro azabache.

Mientras intenta aclarar la situación acercándose a la cara para poder atisbar algún detalle escucha la voz de Virginia a sus espalas “¿Te gusta mi regalo de Navidad?”. Se gira y la ve. Está de pie, recostada en la pared. Lleva un conjunto de lencería rojo de tanga, sostén y medias, con zapatos también rojos y un gorrito de Papa Noel encima de su caballera rubia.

Mientras está contemplando el cuerpo espectacular unas manos empiezan a subir por la parte posterior de su muslo mientras una lengua lo hace por la anterior. Gira la cabeza y ve a la chica de pelo negro. Se ha tomado la libertad pero al hombre le da igual.

Cuando levanta la cabeza al llegar a los boxers la reconoce. Es Estefanía. La conocieron en Encuentros, un club liberal. Había ido con Virginia sólo a mirar, ninguno de los dos tenía experiencia y, para qué negarlo, estaban acojonados.

Por eso cuando una espectacular morena se dirigió hacia ambos y tras acariciar y besar a Verónica les dijo “¿Venís a las camas? Ambos se quedaron petrificados. La chica sonrió y dijo “Sois nuevos. No pasa nada. Ya nos veremos”.

Salieron del club calientes como tizones y ese día estuvieron follando como animales. Pero Fran no sabía una cosa. Mientras él iba a buscar el coche al parking Virginia se adentraba en la zona de camas para pedirle el teléfono a Estefanía. Y tras varias quedadas y un para de escarceos en el lavabo de esa misma cafetería en la que han quedado, se decidió a inviarla. Sabía perfectamente que le iba a gustar a su novio, la noche del club había observado la mirada lasciva del chico.

“¡Es Navidad!” exclame el chico mientras nota la boca de la chica en su pene mientras las manos de Virginia acarician su fibrado pecho desde atrás.

Inspirado en el juego:

Despedida prenavideña con sorpresa erótica

Clica en la imagen para ver el juego

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