El postre

El postre

Antonio llega al local a las 12:00 h, justo cinco minutos antes del ultimátum. Una chica de unos treinta años, alta y delgada, muy elegante lo recibe. “Sígame por favor” le dice con una sonrisa. “Más vale que la sorpresa valga la pena” piensa. Ha abandonado la cena de empresa justo en el momento de empezar la sesión de karaoke. Su jefe es muy especial y no admite deserciones ese día.
Pero la lujuria ha podido con él. Inés, su pareja, lo ha tenido mucho más fácil. Trabaja en una multinacional y la cena es multitudinaria. Nadie ha notado su ausencia. Él ha necesitado montar un numerito. No sólo se ha inventado un corte de digestión, se lo ha provocado. Sabe muy bien las consecuencias de comer marisco y se ha hartado. No han tardado en aparecer los síntomas. Cara blanca como el mantel, debilidad, nauseas. Todo el mundo ha estado de acuerdo, debía irse de la cena. Hasta el jefe se ha interesado por su estado, un poco por ver si era cuento. Pero el aspecto cadavérico lo ha convencido ipso facto. Él mismo lo ha ayudado a subir al taxi.
Una vez en casa sanar ha sido muy fácil. Dedos en las amígdalas, vómito en el váter y ducha reconfortante. En diez minutos como una rosa y corriendo para no llegar tarde a la cita.
La chica lo guía hasta un reservado. Le abre la puerta y le explica el funcionamiento. La estancia da a una pista donde se dan los espectáculos. Hay un cristal totalmente opaco para los actores pero perfectamente claro para los ocupantes del reservado. Hay un par de sillones reclinables, parecen cómodos. A ambos lados una bandeja para dejar bebidas. Con un mando puede controlar la luz, el cierre de la puerta y también llamar a la camarera. Le ofrece una bebida y la acepta.
Mientras se sienta en el sillón a esperar la sorpresa prometida recuerda lo sucedido desde más o menos las seis de la tarde. En ese momento se establecido una escalada erótica a distancia para nada despreciable. Irene ha ido enviando mensajes cada vez más picantes. Nada fuera de lo normal, es una práctica habitual en la pareja.
Sin embargo uno en especial ha hecho saltar la chispa: “He alquilado un reservado en un local, hoy podría ser el día”. Desde hace unos meses están valorando un trío. El mensaje es ambiguo pero puede ser la oportunidad esperada.
Al ir a sentarse en el sillón encuentra un sobre cerrado con su nombre escrito. Lo abre y extrae una tarjeta. “Hola cariño. Por lo pronto siéntate en la butaca y ponte cómodo. Mira el espectáculo. En unos minutos aparecerá una mujer, continua observando el espectáculo y déjate hacer. Confía en mí.”
Antonio se aposenta cómodamente en el sillón, da un sorbo a su copa y se dispone a ver el espectáculo. Dos hombres voluminosos pero definidos, con penes de gran tamaño interactúan con una chica diminuta pero escultural. Con gran destreza chupa un pene mientras masturba el otro. Se ilusiona, igual es una indirecta. Igual es hoy el día del trío. Aunque no sabe si será con otro hombre, idea no del todo agradable. Pero “la referencia a una la mujer misteriosa arranca esos pensamientos de su cabeza.
Pasados unos minutos la mujer está a cuatro patas mientras uno de los chicos la posee por detrás. A la vez su boca anda ocupada con el pene del otro. En ese momento llaman a la puerta. Antonio aprieta el botón del mando a distancia para permitir el paso. Una mujer en ropa interior accede a la estancia y cierra la puerta manualmente. Lleva una combinación morada, con medias moradas y liguero. Su pelo es rubio y su cara inapreciable, un velo bastante tupido la cubre. La oscuridad le impide ver por eso le da al mando para subir su intensidad pero ella la apaga del todo con una mano le arranca el mando y lo lanza al otro sillón. Ahora sólo la luz del espectáculo accede al habitáculo por la ventana. Ella se pone en frente y el contraste le impide aún más adivinar la fisionomía.
En un movimiento rápido e imprevisto se arrodilla delante de él, justo delante de su entrepierna. El hombre tiene ya una erección considerable como consecuencia de contemplar el espectáculo erótico. Ella le abre la bragueta y busca con una mano hasta encontrar el pene. Sin quitarse el velo se lo introduce en su boca para empezar a chupar.
Antonio nota diferencias significativas, no es una felación normal. Su mujer lo hace de otra manera, esta es más brusca y descuidada. En alguna ocasión le ha rozado con los dientes el glande y en tora el frenillo. Pero está muy, muy excitado por la situación, a penas nota dolor.
En la pista la mujer es penetrada por los dos chicos a la vez. Suelta gemidos y gritos muy eróticos. Es una gran profesional. Estos gritos contribuyen a aumentar su exicitación, ahora muy grande gracias a la habilidad bucal de la mujer.
El orgasmo está a punto de llegar e intenta apartar la cabeza de la mujer para no eyacular en la boca. Pero ella se lo impide ¿Quiere que me corra dentro? Piensa. Pero es la última vez que puede hacerlo. Un orgasmo se apodera de él y todo su semen entra en la húmeda y caliente cavidad. Mientras, en el escenario ambos hombres decoran la angelical cara de la actriz con largos goterones blancos y brillantes. Se desploma agotado en el sillón, el placer lo ha vencido.
Es entonces cuando la mujer deja de chupar y levanta la cabeza para, a continuación, dejar ver su rostro apartando el velo. Es Inés.
Antonio se ha llevado la sorpresa de su vida. No entiende nada. “Pero tú nuca…” dice tartamudeando. “Nunca me he querido beber tu leche, quieres decir ¿No? Bueno, siempre se puede cambiar. He practicado con clara de huevo” Le contesta riendo. El caso es ¿Te ha gustado?”. “Por supuesto, ha sido muy morboso”. “Sí que ha sido morboso y un día, cuando estemos preparados los dos será más real. Ahora te toca a ti, que va a empezar la gran bang me han dicho que Antonella se lo monta con diez tíos. Le dice después de quitarse el tanga y recostarse sobre el otro sillón. Y abrir las piernas.

Mensajes provocadores durante la Cena de Empresa e incietivo final nada despreciable

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