El concurso

El concurso

Elisenda contempla el auditorio. Recostada sobre el sillón con las piernas abiertas y la cabeza de Sonia entre ellas. Su cara parece la de una esfinge, ni un movimiento más allá de los normales parpadeos.
Lleva ya resistiendo veinte minutos a la endemoniada lengua de la chica. Y menos mal que no puede usar los dedos porque la combinación de ambos apéndices hubiera sido fatal, en dos minutos la hubiera llevado al orgasmo.
A escasos centímetros tiene a Tania, la árbitro oficial de la competición, atenta a las reacciones de las dos finalistas.
La otra finalista es Nuria, una mujer bajita de cuerpo rechoncha. Con grandes y turgentes pechos ahora desbordando su apretado corsé. No quiere ni mirarla, siempre la ha excitado muchísimo. La imagen de su apetitoso cuerpo podría llevarla a perder el control y ella, ahora, no se lo puede permitir.
Siempre ha sido bisexual, ahora la llamarían pansexual porque no le hace ascos a nada, sobre todo si le plantean un buen juego erótico. Porque más que el sexo, lo que a ella le gusta es el juego. Por eso, cuando le propusieron participar en ese concurso no dudó en apuntarse.
Su pareja no se la toma mucho en serio. “Por favor Eli, si tú eres de humedecer las bragas viendo dibujos animados ¿Cómo vas a aguantar tanto tiempo mientras te comen el coño?” le dijo su marido cuando se enteraron del concurso. Pero ella se lo ve como un reto personal. Ha estado entrenando muy duro. Bueno, quien lo ha estado haciendo de verdad es Braulio. El pobre médico alucinaba, era la primera vez que veía una lengua con calambres. Y ellos también, por eso fueron a urgencias.
Han empezado diez y sólo quedan dos. Las otras han ido abandonando gracias a las artes orales de sus oponentes. Algunas sólo por arquear la espalda o soltar un gemido. La árbitro es muy estricta. Además, como se trata de medir el aguante de la concursante las personas encargadas de lamer se turnan para que las lenguas estén siempre frescas. Para eso y para evitar otro viajecito a urgencias por calambres, claro.
Se gira un momento sólo para comprobar si Nuria sigue allí. Y en efecto así es. “Cómo aguanta la muy guarra” se dice mientras intenta apartar su pensamiento de las sensaciones que ascienden desde su clítoris. Sonia es una cabrona, no le deja acostumbrarse al estímulo. Alterna presión y frecuencia de forma caótica. Le intenta romper la concentración.
Vale la pena aguantar. El premio es una copa y una llave de taquilla del local gratis durante todo el verano. Pero las sensaciones se intensifican, tiene el clítoris a punto de reventar, justo en esa turgencia en la que se puede frotar con un poco más de presión sin resultar incómodo. Y como la lengua nunca, por mucho que apriete, llega a ser dura como un hueso el placer se intensifica.
Empieza a mover rítmicamente las caderas y lo que es peor de forma involuntaria. Se da cuenta y se detiene. Pero en ese momento ascienden desde su vulva sensaciones muy, muy placenteras. Su cerebro, su corazón, su hígado, su bazo le piden de rodillas que se rinda. Pero ella quiere resistir. Quiere esa taquilla y esa copa gratuitas para todo el verano.
De reojo vuelve a mirar a su rival, las cosas no le van mucho mejor. Se le tensan los músculos del cuello, el resto del cuerpo debe estar igual. Ambas intentan contener un tsunami con un cubo de arena, es imposible. Intenta ocupar la mente en otras cosas. La lista de la compra, las reuniones de la escuela de sus hijos, las vacaciones. Pero es momentáneo porque enseguida desaparecen para dejar paso a una idea: “Déjate llevar”.
Un gritito apagado llega sus oídos, es su rival. Se le ha escapado. Los sonidos orgásmicos tienen un poder casi absoluto sobre su excitación, es como la gota que colma el vaso. Y el vaso se derrama. Ella misma suelta otro gritito. A continuación ambas convulsionan, se dejan ir. Una con la pierna y la otra con sus propias manos retienen y aprietan las cabezas de sus tentadoras. Por un momento parece que las van a ahogar.
Ahora ya son gritos, al unísono. Llegan incluso a entrelazar las manos. El placer retenido se desborda absolutamente. Se dejan caer hacia atrás, a la vez, caen en una profunda relajación. En ese momento el premio les importa bien poco.
El público enardecido aplaude con entusiasmo, incluido Braulio. Aún le duele la lengua pero está contento. Sabe que el premio de su mujer es también el suyo.
La árbitro se ve incapaz de determinar quién ha sido la primera, todo ha ido muy rápido, demasiado rápido. Por esta razón decide conceder el premio a las dos. Ambas y sus parejas respectivas van a tener copa gratis y taquilla hasta en 23 de septiembre.

Inspirado en: Competición de resistencia al orgasmo en local libertino.

Clica en la imagen para ver el juego

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