Carta infernal

Carta infernal

No pidas justicia. Porque puede que te la den.

Esteban va a casa de Vanessa. Obedeciendo sus órdenes lleva la carta con los deseos para el año que viene. Le abre la puerta y lo ordena desnudarse en el living. También le ata las manos a la espalda y le coloca pinzas en los pezones, de esas con cadenita donde pueden colgarse pesas. De momento el dolor es soportable.

Se echa en las manos una gran cantidad de lubricante y mira hacia la mesilla. Allí hay un plug anal. Le ha introducido de más grandes, podrá soportarlo. Efectivamente, entra con suavidad, fácilmente. Hasta ahora todo bien.  También le pone una mordaza con agujero, de esas que dejan la boca totalmente abierta. No entiende la utilidad ¿Cómo va a usar la lengua para satisfacerla?

Como es obligado lleva un collar de perro alrededor del cuello, su ama le ata una correa y tira de ella para obligarlo a seguirla. Entran en el comedor y sorpresa; En un sillón hay un hombre con traje negro sentado cómodamente, con las piernas bien abiertas. No es para nada un sumiso. Va a decir algo, pero la mirada fulminante de Vanessa lo hace callar.

  • Bueno, aquí tienes el tipo del que te hablaba. Espeta la domina. Como puedes ver se trata de un sujeto bastante despreciable. Es capaz de degradarse hasta ser un gusano con tal de pillar cacho.
  • Como muchos tíos. Reafirma el hombre.
  • Sí, tengo a varios. Ya lo sabes. Pero este es especialmente rata. Fíjate. El otro día le ordené que hiciera una lista de deseos para el año que bien. Como si tuviera derecho a tener deseos. Exclama la mujer entre risas.

Ser humillado por su ama lo pone cachondo, pero ser expuesto ante una tercera persona tiene un efecto afrodisíaco multiplicado por mil, su pene empieza a tener una cierta firmeza.

  • Mira, mira – interrumpe el hombre misterioso señalando el pene.
  • Joder, vaya salido. Siempre me deja en ridículo. Dice abandonando un momento la habitación para volver con una fusta.

La domina le da un fuerte fustazo al pene provocando una ligera retracción. Pero Esteban sabe muy bien que eso sólo es una reacción refleja, el dolor lo excita todavía más y la erección se vuelve firme. “Lo siento, lleva un plug en el culo. A  este mariconazo le metes algo en el culo y lo puedes tener erecto horas – Exclama – Pero vamos a lo importante. Como te decía ha redactado una lista de deseos. Vamos a reírnos un rato”.

La mujer abre la carta sin miramientos y saca una hoja de papel escrita a mano. Empieza a leer: “Obedecer a mi ama en todo lo que ordene – Bueno, eso ya se da por sentado, exclama – dos, ser útil a mi ama cada día de mi vida. Tres ser mejor dominando mis orgasmos –Sí, esto está muy bien como deseo pero luego se corre a la primera cuando lo enculo con el dildo más grueso, en fin. Y sigue leyendo. No gritar si mi ama no me lo permite. Esto está bien porque tiene unos grititos muy desagradables – Y, por último: Ser tratado con justicia y recibir algún premio, de vez en cuando.

  • Pero ¿Cómo se atreve? Salta el hombre indignado.
  • Si, este tipejo es muy atrevido. Se cree con derecho a reclamar justicia. Contesta ella ¿Pero sabes una cosa? Quizá tenga razón.
  • ¿Vas a dejar que se salga con la suya?

Sin contestar la pregunta Vanessa se despoja de toda su ropa y se lanza sobre el hombre misterioso. En un movimiento ágil saca el pene (ya enfundado en un preservativo) y se lo introduce en la vagina.

Ante Esteban se despliega una escena absolutamente embriagadora. Además de ser un sumiso convencido es un mirón. Antes de conocer a Vanessa iba a los clubs de swingers para ver escenas lúbricas para después, en casa, masturbarse con el recuerdo. Ahora se está cumpliendo una de las más recurrentes fantasías: Contemplar a su mujer gozando de otro hombre en sus narices.

Ella cabalga al hombre misterioso demostrando una excitación desbocada. Esteban puede ver el culo redondo de Vanessa moviéndose arriba y abajo. En los movimientos ascendentes puede adivinar un pene poderoso en su interior.

La mujer gime en voz alta mientras suelta cosas como “Joder, esto es una polla en condiciones, no como la de esa mierda humana” o “Por fin me voy a correr”. Y, efectivamente, consigue un orgasmo de enormes proporciones. Estaban está a punto de reventar, su pene ha logrado una rigidez propia del acero.

Tras un par de minutos la mujer consigue recuperarse. Se aparta del hombre misterioso y exclama: “Gracias Ignacio, es la primera vez que me corro en todo el año”. A continuación se gira para mirar a Esteban. “Pero tú aun no te has corrido. El caso es que los hombres lo dejáis todo perdido. Pero tengo una idea – Dice volviéndose hacia Esteban – ¿No querías ser tratado con justicia? Pues es justo que los desperdicios vayan a la basura.

Tira de la correa obligándolo a arrodillarse delante de Ignacio quien está aún en el sillón, sentado con las piernas abiertas vestido con su traje negro, del que sale por la bragueta un pene erecto. Ella se sienta al lado y empieza a masturbarlo.

Ahora Esteban entiende el porqué de su mordaza. Evidentemente él va a ser la papelera donde va ir a parar el flujo del otro hombre, para no manchar el sillón o el suelo. Lo ha humillado de muchas formas ese año, pero esta se lleva la palma. Su temperatura sube cien grados de golpe. Es consciente de que un simple roce en el glande va a terminar en una irresistible eyaculación y en un orgasmo potentísimo.

Cuando cree que las cosas no pueden empeorar nota una fuerte vibración en su ano. Con una sonrisa de oreja a oreja, la mujer le muestra el mando a distancia. Eso lo despista y no ve venir la oleada de semen directa a su cara. Más o menos el setenta y cinco por ciento le entra en la boca, el resto se esparce por los alrededores.

Es definitivo, esa humillación y la vibración directa en su próstata desata los infiernos. Un chorro de esperma sale disparado de su pene en dirección a los zapatos de Ignacio convirtiéndolos de charol negro a piel de cebra.

Arrodillado, mirando al suelo, con gotas de semen de Ignacio resbalando por sus mejillas, no se atreve a levantar la cabeza. Sabe que va a ser “tratado con justicia”.

Inspirado en el juego:

Escarnio y humillación de persona sumisa que entregan su carta para los Reyes Magos

Escarnio y humillación de personas sumisas que entregan su carta para los Reyes Magos.
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