El video christmas

El video Christmas

Desde hace veinte años Ana y Luís graban un videoclip navideño por estas fechas. Se trata en realidad de una felicitación digital, sin pretensiones. Nació como una sustitución de la típica tarjeta pero con los años ha llegado a tener música de fondo y alguna coreografía discreta. Sus amigos y familiares están encantados, o eso dicen.
Han quedado en el estudio de un fotógrafo. Luís se ha encargado de buscarlo. “Me lo han recomendado, hace cosas muy buenas. Filmó la boda de Carmen y Andrés”.
Los recibe un hombre de unos treinta y cinco años. Alto y fuerte, se le nota la musculatura de bajo de una camiseta negra bastante ajustada. Viste además unos tejanos no precisamente anchos. Cuando se da la vuelta para guiarlos hasta el estudio Ana se fija en sus poderosas nalgas.
El estudio es pequeño pero confortable. Tiene una cama bastante grande en el centro. Alrededor hay focos y paraguas para tratar la luz. A Luís le llama la atención cómo está dispuesto todo. Ni siquiera hay adornos navideños. Además “¿Una cama? ¿Para qué?”
“Perdonad, no he tenido tiempo de ordenar esto. He filmado un video digamos… Especial. Por eso la cama. Pero si me dais un momento monto vuestro escenario. Poneos cómodos, yo tengo que salir porque el material está en un almacén. En veinte minutos vuelvo. Tomaos un café o lo que queráis de la nevera”.
El matrimonio se queda estupefacto. El tipo este es un caradura. No sólo no tiene nada preparado, además los deja ahí colgados y se va a buscar no sequé. Luís tiene ganas de irse. Su mujer lo calma, es sábado y los niños se han ido de excursión, no pasa nada por perder algunos minutos.

  • ¿Sabes una cosa? – Dice Ana mientras se recuesta en la cama – Saber que aquí han estado follando me está poniendo cachonda.
  • Ana no empieces. Ya hemos follado esta mañana ¿Es que no tienes nunca bastante?
  • No, ya lo sabes. Y tú tampoco – Contesta mientras con un rápido movimiento se libera del culotte.
  • No, no. El tío este está al venir. Si nos pilla… Dice Luís con un tono cada vez menos convencido.
  • Cuanto más lo pienso más me pongo. Además este tío va a tardar más de veinte minutos. Nos da para uno rapidito, seguro. Dice mientras abre bien las piernas para mostrar su vulva. El vestido negro arrapado sube sin problema gracias a su elasticidad y deja al descubierto toda la parte inferior de su cuerpo.
    Mirando fijamente a su marido empieza a tocarse. Antonio nota una erección, a él siempre le ha dado morbo la posibilidad de ser pillado. Y a su mujer mucho más. Acepta el reto, era de esperar. Cuando su mujer se masturba delante de él pierde totalmente el sentido. Se lanza de cabeza, nunca mejor dicho y sustituye con su lengua el dedo de la chica.
    El ambiente se calienta y ya no se cortan un pelo. En un par de minutos están totalmente desnudos encima de la cama acariciándose mutuamente. “Sabía que te ibas a tirar encima. Eres un puto mono” dice en voz alta Ana entre risas. A su marido esos comentarios lo estimulan de forma especial. Y sólo ha empezado. “Claro ¿Cómo me voy a negar a follarme a una zorra como tú?” contesta.
    Se establece así un círculo de retroalimentación positiva. La barbaridad pronunciada por uno de los dos activa al otro consiguiendo así calentarse cada vez más. En muy poco tiempo están follando a destajo. Antonio encima bombeando mientras prácticamente grita todo tipo de obscenidades. “Esas tetas me tienen loco”, “menuda loba estás hecha” y ella no le está a la zaga “¡Rómpeme el coño! ¡Vamos cabrón. Que eres un puto cabrón follador!
    Ana se coloca encima de su marido. Lo cabalga de forma salvaje mientras emite todo tipo de tacos, gemidos y gritos. De repente se detiene, ha visto algo. A escasos dos metros está el fotógrafo portando una cámara de video. Antonio gira la cabeza hacia el hombre y exclama “Joder, menos mal. Estaba a punto de correrme”.
  • Pero… Antonio – Dice la mujer – Nos está filmando… Pero…”
  • Claro Cariño. Es mi regalo de Navidad. Y mira que me ha costado encontrarlo.
  • ¿Regalo de Navidad? Pero..
  • Sí ¿Te acuerdas de Mayo? Aquel día en Caricias.
  • ¿El señor polla? Interroga con entusiasmo.
  • Sí.

Hace unos meses, durante el verano estuvieron frecuentando uno de los locales liberales más concurridos de su ciudad. Un día, en medio de una orgía Ana fue penetrada por un hombre misterioso pero dotado de un pene muy especial. No era de tamaño descomunal, un poco más grande de los probados hasta entonces pero no una monstruosidad. Su virtud residía en la forma y el grosor. Suficiente como para hacerla sentir llena sin llegar a forzar las paredes de la vagina. Una configuración tan eficaz como para provocarle un total de cinco orgasmos antes de aflojar. Tal fue la satisfacción por tal experiencia que terminaron denominando al misterioso caballero como Sr. Polla.
Pero tal como vino se fue. Y no pudo identificar al caballero. La semioscuridad de la zona de camas y el haber estado en todo momento a cuatro pasta lo impidieron. Cuando volvió a contactar con su marido, distraído en otros lances, concretamente con una pareja de finlandeses, este le fue de nula ayuda. Pasaron el resto de la noche buscando sin ningún resultado. A Ana le hubiera encantado añadirlo a la agenda de contactos esporádicos de la pareja, pero no pudo ser.
Luís se lo ha currado, se lo ha currado de cine. Le ha costado varias tardes y noches. No lo habría logrado sin la ayuda de Lucía, la relaciones públicas. Una buena amiga. Con su delicadeza y diplomacia fue acumulando pistas y al final dio con el hombre. Quedar con él no fue en absoluto difícil. También se acordaba de su mujer. Porque Ana a pesar de tener cuarenta y cuatro años luce un cuerpo espectacular, trabajado a base de horas en el gimnasio y una dieta equilibrada. Y ese lenguaje soez pero excitante, esa es una marca personal intransferible.
Y ahora lo tiene allí, delante de ella, con una cámara en la mano. “Otra cosa debería estar agarrando” piensa mientras descabalga a su marido y gateando se acerca a donde está el hombre. “Deja la cámara y quítate la ropa” le dice mientras le desabrocha y baja los pantalones con asombrosa habilidad.
Su marido la toma por detrás mientras ella está ocupada saboreando el miembro del fotógrafo. No va resistir mucho, lo sabe. Esa postura es mortal para él. Pero no le importa porque ya lleva un orgasmo y va a tener muchos más esta mañana gracias al miembro del Sr. Polla.
Unos días después, es casa de sus suegros:
“Ostras Ana, estás radiante” le dice su suegra después de ver, con toda la familia, el video clip navideño ya tradicional. “Sí, debe ser la crema hidratante” contesta mientras mira a su marido y guiña un ojo.

Filmación de video navideño algo accidentado pero muy caliente

Filmación de video navideño algo accidentado pero muy caliente
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