Rotura de Armario

Rotura de armario

No pidas justicia. Porque puede que te la den.

Anselmo. Padre de dos hijos. Casado con Amalia, una mujer inteligente y trabajadora. Cinco años más joven que él, pero que aparenta quince menos. A sus cincuenta años ya no le da vergüenza a nada. Por eso se planta en casa de su vecino Manuel. Quiere intentar venderle lotería del club de fútbol de su hijo.

Se abre la puerta y aparece un hombre de unos treinta años llevando una toalla a la cintura. Tiene el torso muy trabajado, parece esculpido en bronce entre la definición y el color de la piel.

Siente un estremecimiento, la misma sensación que tiene cuando entra en el vestuario y ve a los compañeros de su hijo marcando sus nalgas. Nunca lo ha confesado, fue educado al final del franquismo en la más estricta homofobia. Aunque debe ser bisexual porque con su mujer también disfruta.

  • Hola Anselmo. Le dice su vecino mirándolo directamente a los ojos.
  • Mira que venía a ver si me compras una participación en un décimo de lotería. Es para el equipo del chaval ya sabes, nunca tienen dinero han aprovechar ahora esta temporada para recaudar algo. Le contesta sin poder disimular el rubor de sus mejillas.
  • Claro, claro. Pero… pasa hombre voy a buscar a ver si tengo algo suelto.

Anselmo entra y contempla al joven moverse por el pasillo. La espalda de Manuel está tan trabajada como la de los amigos de su hijo. Y mueve el culo con soltura. “Y vaya culo – piensa Cómo se le marca debajo de la toalla”. Lo sigue como un robot dentro del piso y cierra la puerta.

De repente Manuel se gira y se le queda mirando. “Vamos a ver yo ahora dejaría caer la toalla para que me vieras el culo. Después me acercaría a ti y te plantaría un beso. Con la consecuente manipulación de tu paquete.

Pero francamente no quiero ser el protagonista de una mala película porno ¿Te crees que no me he fijado? Con las miraditas que me lanzas… ¡Que yo soy gay desde los 15 años! Supongo que como tú. No es un reproche porque lo has tenido mucho peor que yo. Pero ¿No crees que ya va siendo hora de salir del armario? Te mueres por chuparme la polla desde que entré en este edificio y nos cruzamos en el ascensor ¿Te crees que no me di cuenta?

Y mira. Por alguna razón me gustan los señores maduritos, que están en forma claro. Así que creo que estamos de acuerdo o al menos yo lo estoy y si te apetece nos damos un buen revolcón. No te preocupes, tu mujer no se enterará. Esto de salir del armario lo tienes que hacer tú no yo.”

Diez minutos más tarde Anselmo tiene el grueso pene de Manuel golpeándole las amígdalas. Siente arcadas, pero ese sentimiento desagradable se combina con una gran sensación de libertad. Por fin está haciendo lo que ha querido hacer toda su vida. El hombre le agarra la cabeza para introducirla aún más. Termina eyaculando sin sacarla, en el esófago.

  • ¿Te has corrido? Le dice a él y has corrido. No me la vas a meter en el culo
  • ¿En el culo? Pero de qué vas tío. Te acabas de estrenar y ya quieres una penetración anal. Hay que ir poco a poco. Además, se nota que has sido educado en el mundo hetero. Os pensáis que estamos todo el día dándonos por el culo Venga no te preocupes ahora te la voy a chupar yo estoy seguro que después no querrás que te la vuelve a chupar tu mujer.

Pasados los días Manuel se encuentra a Lucía, la mujer de Anselmo.

  • Muchas gracias eres un tesoro, mi marido me ha dicho que le has comprado todo el talonario – Dice con una amplia sonrisa – Por cierto os habéis hecho muy amigos no para de subir a tu casa.
  • Sí, es que es muy manitas. Me ayuda mucho con los muebles, aunque hay un armario que no se termina de abrir. A ver si podemos hacer algo porque las cosas se pudren si no pasa el aire.
  • No creas. Porque hay armarios que mejor es no abrirlos. Así todo el mundo está más contento. Con hacerle un agujero ya respira.

Y dicho esto le guiña un ojo y se aleja moviendo las caderas de forma ostensible. Manuel piensa que si fuera hetero iba a seguir ese culo hasta el fin del mundo.

Inspirado en el juego:

Pago en especias de aguinaldo por parte de persona descarada

Tremendo castigo a persona sumisa que se atreve a pedir aguinaldo
Clica en la imagen para ver el juego

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