Exclusiva: Sabemos la verdadera causa de la muerte de Fernando II de Aragón

23 de enero (1516). Madrigalejo. Extremadura

Ayer, a las 16:30, hora de Castilla, murió Fernando II de Aragón, rey de Valencia, Mallorca, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Conde de Barcelona, conocido como El Católico. También rey consorte de Castilla y Navarra.

La versión oficial culpa de su muerte a una hidropesía que el monarca venía padeciendo los últimos meses.

Sin embargo, fuentes de la Corte, hablan de otras causas, concretamente la ingestión masiva de un vasodilatador que un médico le recetó al monarca para su boda

Como los lectores ya saben el rey se casó con Germana de Foix, hermana de Gastón de Foix, el valeroso caballero francés. Una jovencita de 18 años, heredera del trono de Navarra, con el único objetivo de tener descendencia y poder así dejar la Corona de Aragón en manos de un hipotético hijo y no en el descendiente de Juana la loca o la que denominan loca y por lo tanto de su yerno Felipe el Hermoso.

Como ya todos sabemos el rey Fernando enviudó de Isabel la Católica hace doce años y, tras heredar su hija el reino, pretendió ser considerado regente. Pero Felipe el hermoso maniobró con la nobleza castellana logrando su expulsión al grito de “¡Vete ya viejo catalanote!”

Un año después se casó con la navarro francesa con el único objetivo de tener un descendiente para la Corona de Aragón. A Fernando le preocupaba mucho la posible unión de su imperio con el alemán. Era consciente del gasto y la energía necesaria para controlar tal avispero. Y no quería, para nada, implicar a su reino en tal aventura.

Con la muerte “inesperada” de Felipe el Hermoso y tras encerrar a su hija en Tordesillas, volvió a ser regente de del Reino de Castilla.

Todo pareció salir según sus planes, pues tres años después de la boda, la reina quedó embarazada de varón. Sin embargo el final de tal embarazo fue trágico, pues el niño murió horas después de nacer. En ese momento el rey tenía ya 56 años y sus energías varoniles iban de baja.

Por eso se sometió a una rigurosa dieta con el objeto de recuperarla: Cada día testículos de toro. Un desayuno poco apetitoso y, al parecer, poco efectivo. Además de perjudicial para su salud.

Un misterioso médico cuyo nombre no nos ha sido revelado, seguramente por ser converso – ya sabemos cómo se las gasta la Santa Inquisición con los conversos – le ofreció al monarca una alternativa.

Elaboró una preparación hecha a base de insectos muy abundantes en la zona de Granada, conocida como cantárida o mosca española.

Gracias a la acción de este medicamento el rey volvió a tener vigor juvenil consiguiendo así ir a la cama con la reina cada noche. Pero esta vez no llegó el esperado embarazo.

El rey, pese a los consejos del médico, aumentó la dosis y la frecuencia, pues era consciente de que el tiempo se agotaba. La edad y su obsesión por tener un heredero lo llevó a la enfermedad y, ayer, a la muerte.

El rey murió en un último servicio a la Corona al intentar darle un heredero y no, como dicen los mentideros de la corte, por tener mucho vicio de su mujer.

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