Locales ¿Normales?

A estas alturas de la película deberíamos tener el suficiente grado de tolerancia y respeto como para ver una pareja, o un trío, o un grupo pasándolo bien y no escandalizarnos. Ni tampoco tirarnos encima de ellos sin pedir permiso.  

Pero la realidad es muy diferente. Si en un pub o una discoteca, de repente, dos personas empezasen a tocarse de forma explícita se armaría un escándalo. Seguramente llamarían a seguridad o a la policía y los echarían. Y digo tocarse, no estoy hablando de follar. A este tipo de locales les llamamos “normales”.

Sin embargo, cuando a uno le hablan de un local liberal es inevitable la llegada a la mente de la imagen de gente viciosa, malévola y enferma mirándote con la típica expresión del preso convicto ante la  llegada del novato, pensando: “Carne fresca”. Te los puedes llegar a imaginar  preparados para  abalanzarse en masa y violar cada uno de tus agujeros.

Pero cuando decides traspasar la puerta te das cuenta de la absoluta normalidad. Todo es muy “normal”. Hay una barra, unos sillones, gente hablando, música de fondo, camareros y, normalmente, una persona encargada de explicar las normas y enseñar los distintos espacios.

Mucho más normal. Sí, mucho más normal que los denominados bares normales.

Porque si algo no son los bares comunes es normales. No es normal toda esa tensión sexual no resuelta, toda esa mojigatería, toda esa falta de comunicación, todo ese juego de engaños y toda esa falta de respeto.

En un local liberal puede uno ver a dos personas charlando animadamente en la barra y a su lado tres tocándose medio desnudas. A una señora de más de sesenta años ataviada con sólo una toalla al lado de un chaval de veinte totalmente vestido. A dos chicas o dos chicos besándose, tocándose o follandose. A dos parejas charlando animadamente en lencería al lado de un grupo de seis o siete personas enredados en una experiencia común. Y todo con respeto, sin escándalo, sin acoso y con muy poco alcohol.

Por el contrario, un bar normal tiene la música estridente, el ambiente es de todo menos relajado, está prohibida cualquier muestra de erotismo más allá de un beso, es habitual ver a personas muy bebidas o muy drogadas y no es rara la falta de respeto y a veces, el acoso.

Claro, no ocurre en todos los locales y no todos los locales liberales están exentos de incidentes. Pero hay una diferencia entre ambos: Si una persona protagoniza un incidente desagradable en un club liberal no vuelve a entrar. En un bar de los habituales no estoy tan seguro.

¿Cómo podemos considerar anormales los locales liberales? Realmente tenemos un problema si preferimos la música estridente, el abuso del alcohol, el baboseo, el acoso y la pendencia a la libertad erótica, al vive y deja vivir, el respeto y la educación.

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