La pasión de Cristo. Una vía de infección

Nuestro Señor Jesucristo bajó a la tierra para sufrir tormento y redimirnos así del pecado original ¿Qué mayor prueba de amor puede haber? Es natural que con este ejemplo los humanos asociemos el sufrimiento con el amor.
Así muchas personas –desgraciadamente cada vez más- necesitan de un cierto malestar para sentirse enamoradas. En lugar de disfrutar de su relación y de lo bueno de la o las otras personas, buscan motivos para sufrir. Creen firmemente que tras un purgatorio de celos, peleas y humillaciones puede haber una resurrección de la pareja y una ascensión a la Gloria. Si Cristo lo hizo ¿Por qué no ellos? Es una justificación inconsciente, por supuesto.

Esta concepción del amor es una inmensa puerta de entrada de la infección romántica y como tal es potenciada por el virus para que sea, si cabe, más ancha. Al amor por el sufrimiento se convierte en una norma de vida convirtiendo a la persona en una buscadora frenética de malos rollos.

Tras el purgatorio no hay ninguna resurrección, hay más mal rollo y muchas veces soledad. Pero una vez el virus ha colonizado el cerebro esto ya no importa y el deseo romántico de alcanzar esa gloria los induce a repetir una y otra vez los mismos errores. Esto, por supuesto, lleva a la melancolía y el rebote.

¿Qué hacer ante este peligro? En primer lugar prevenir. Como siempre el espíritu crítico nos puede ayudar y mucho. El amor no es sufrimiento, nunca lo ha sido y nuca lo será.

Puedes sufrir por una persona amada. La vida nos da muchas perdigonadas y algunas no van directamente a nuestra alma. Ese sufrimiento es una normal muestra de amor.

Pero una cosa es resistir los embates de la vida y otra muy distinta buscar la desgracia como prueba del nueve de una relación. Eso es una estupidez y la estupidez humana es maná para el virus romántico.

Si ya has pillado la infección y estas atrapado en este bucle melancólico corta por lo sano. No con la persona, corta con la actitud. Sólo se puede disfrutar disfrutando. Es difícil porque cuando el virus se ha expandido uno llega a sentir un morboso placer en encontrarse patético a uno mismo, pero con esfuerzo se puede salir.

Intenta relativizar el comportamiento de tu pareja. Poco a poco ve tomando con un poquito de sentido del humor las situaciones propicias al mal rollo. Esfuérzate en desfrutar cada día de la persona. Eso no quiere decir que aceptes todo. Pero sustituye la bronca por el diálogo y si no es posible el diálogo déjalo estar. Corta y busca otra persona. Si ya lo has probado todo ¿Para qué seguir sufriendo?

Si una persona no te hace caso después de insistir mucho, a lo mejor es que no quiere hacerte caso. Prueba con una que sí te lo haga. Quizá te des cuenta que se obtiene la misma o igual gratificación. El amor si no está afectado por alguna desgracia imprevista es fácil y divertido. No es necesario padecer para alcanzar el bienestar, ni es más auténtica una relación con sufrimiento.

A fin de cuentas Cristo dijo "amaos los unos a los otros como yo os he amado" no "sufrid los unos por los otros para ver si así sois más auténticos".

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