El arbolito

El arbolito

No juegues con los tamaños, si no quieres sufrir

“¿Pero tú que te has pensado que es tu ama? ¿El gnomo del bosque? ¿Por qué me has traído esta mierda de árbol que no sirve para nada?”
Juan contempla los ojos llenos de ira de su ama con un pavor visceral y también con total desconcierto. Ha cumplido todas sus órdenes. La de ir con los calzoncillos por encima de los pantalones, la de ir cantando en voz alta “vols venir tu rabadà, vols venir tu rabadà…”. Y lo del gorro, la parte más humillante.
Los dueños del chino se han partido la caja delante de él y una niña le ha hecho palmas. Su madre, temerosa ante semejante esperpento, la ha cogido en brazos para abandonar la tienda corriendo.
“Pero ama, usted me ha señalado esa mesita al lado del sillón. Creía…” Una bofetada corta en seco su exposición. “Cállate, no te he dado permiso – le suelta – Te he señalado la plataforma que hay debajo. Hay unos desmontados de plástico que dan mucho el pego. Ahí cabe uno perfectamente”
El hombre cae de rodillas murmurando “lo siento, lo siento…”
Ella no lo mira, tiene sus ojos puestos en el pequeño árbol. De repente lo coge con la mano y arranca la plataforma. Se vuelve hacia Juan y le espeta: “Ves al comedor, desnúdate y espérame de rodillas, con la cabeza bien pegada al suelo. Al final quizá le encontremos una utilidad a tu incompetencia”. Y dicho esto se encamina a la cocina.
El hombre obedece con presteza y eficacia. En cinco minutos adopta la posición ordenada por su ama. Espera aterrado, ella tiene una alta capacidad de improvisar todo tipo de castigos. Y los castigos improvisados son los peores porque no puede prepararse.
Ama Atenea entra en el comedor. “Levanta la cabeza”, le ordena. Juan puede ver una gran sonrisa dibujada en su cara. Para nada tranquilizadora, suele ser el presagio de la peor de las tormentas. “Mira que juguete te he preparado, menos mal que soy una manitas”. La mujer sostiene en sus manos el árbol en cuya base hay un plug de gran tamaño. Es el artilugio que ella usa para castigarlo. Aunque tiene el ano ya muy dilatado, ese objeto siempre le produce un gran malestar y sobre todo le hace muy, muy difícil controlar su eyaculación. Entra muy dentro y contacta todo el rato con la próstata. Y sabe muy bien cuales son las consecuencias de correrse sin permiso.
La domina se coloca detrás de él, toma gran cantidad de lubricante y lo vierte sobre el ano. Sin mucha más preparación toma el árbol y lo introduce en el ano de su esclavo. “Más vale que te relajes porque con el cabreo que tengo acabamos en urgencias”. Para sorpresa de ambos el plug entra sin mucha dificultad. Dentro del hombre la presión contra su próstata es grande, con un poco de dolor, pero no tanto como esperaba. Como consecuencia se produce una erección importante. Y eso es muy mala señal. Pone el culo en pompa como para esconderla.
“Bueno, cualquiera diría que lo has elegido para esto” suelta tras una gran carcajada. Le da al interruptor y el árbol se enciende. “Venga muévete un poco”. El hombre arrodillado da un par de vueltas por el comedor. “Si no fuera por el espectáculo de tu polla trempada hasta quedaría bonito. Que le vamos a hacer has sido siempre un guarro ¿Sabes qué? Vas a venir el día de Nochebuena que doy una cena con varios amos. Harás de tiesto para el árbol de Navidad, espero que no me avergüences con esa mierda tiesa.”

Inspirado en el juego:

Castigo por mala elección de Arbol de Navidad

Castigo por mala elección de Arbol de Navidad
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