Brujas: Sexo, drogas y música folk

De entre la extraordinaria colección de grabados oscuros dibujados por Francisco de Goya, destaca uno por su carga erótica y su originalidad. Dos brujas, una joven y otra anciana cabalgan juntas sobre una escoba en dirección al Aquelarre. A simple vista no tiene nada de extraordinario, hay miles de dibujos donde aparecen brujas encima de escobas. Sin embargo este tiene una característica destacable: Ambas van desnudas y la escoba está colocada con el mango orientado hacia el suelo.
Un hecho que contrasta seguramente con la imagen que tenemos todos de una bruja volando en su escoba. Primero porque acostumbra a ir vestida - vestida de puritana anglosajona del sigo XVII – y segundo porque el mango apunta hacia arriba.
Es lógico, una persona educada en el siglo XX, utilizando su memoria y su intuición asocie la cola de una supuesta escoba voladora con la estela de un avión a reacción. Pero Goya vivió a finales del siglo XVIII, sin esas referencias aeronáuticas. Sin embargo y a pesar de no tener esas referencias pudo también haber colocado la escoba en esta misma posición. Al fin y al cabo al barrer lo hacemos con la cola contra el suelo, y no al revés.
La pregunta es: ¿Por qué Goya las dibujó  montadas en una escoba con el palo hacia abajo y desnudas? Seguramente la respuesta se encuentra en el conocimiento que tenía el pintor de los usos y costumbres de las brujas.
Una bruja no es una hechicera. Las hechiceras eran una mezcla de curanderas, expertas en hierbas medicinales, venenos y poseedoras de habilidades para la sugestión. Trabajaron para reyes,  obispos y papas. Antes, durante y después de la persecución de las brujas. Elaboraban pócimas y venenos, filtros de amor, invocaban espíritus y todo delante de las narices de curas y seglares.
El Cristianismo las intentó combatir al principio como al resto de supersticiones paganas, tildándolas de irracionales e ineficaces. El propio San Agustín criticó en varias ocasiones la creencia popular en sus poderes. Dijo que eran en realidad alucinaciones producidas por el Diablo y calificó de “colaboracionistas” a todos aquellos que recurrían a ellas.  
Sin embargo, entre los siglos XIV y XVIII, se produjo un cambio “copernicano” en el pensamiento cristiano. sexodrogas1La recién creada Inquisición empezó a reportar la existencia de una peligrosa secta cuya misión era facilitar la tarea del Diablo. El Demonio no era ya una especie de mago embaucador dedicado a engañar almas ingenuas, ahora se había convertido en una amenaza real cuyo objetivo era gobernar en la tierra. Esta secta se había conjurado con él para, utilizando sus poderes sobrenaturales, combatir el poder de la Iglesia.
Las mismas mujeres que unos años antes eran unas pobres ignorantes supersticiosas pasaron a ser consideradas como elementos muy peligrosos, capaces de arruinar cosechas, secar pozos, provocar epidemias y esterilizar hombres. Habilidades todas obtenidas gracias a un pacto con el maligno.
Hay muchas teorías sobre lo que fueron realmente las brujas. Desde considerarlas como un puro invento de los inquisidores hasta suponerlas herederas de una religión ancestral, pasando por los chivos expiatorios del capitalismo naciente, las víctimas de una conspiración de los médicos y los farmacéuticos o implicarlas en la conservación de secretos altamente perniciosos para la Iglesia, como hace el Código Da Vinci. Existe casi una historia para cada persona que quiera oírla. Seguramente fue una mezcla de varias de estas razones, pero no es el propósito de este artículo aburrir a los lectores con especulaciones más o menos eruditas.
Recordemos la cuestión del palo ¿Por qué lo pintó Goya en esa posición? Para contestar a la pregunta debemos halar del “Caldero de las brujas”. Al parecer el pacto con el demonio era un verdadero chollo, si no te atrapaban, claro. Era algo así como comprar una entrada para un festival tipo de rock al aire libre pero con derecho de pernada. Una vez ingresada en el club, la elegida era convocada periódicamente a unas reuniones donde se bailaba, se comía, se tomaban drogas y se follaba con demonios o con personas sin importar el sexo y el número. Además para acabar de redondear el asunto, el transporte era por aire y gratis. Como los viajes de alemanes y británicos a Ibiza, pero mejor. A cambio tan sólo debían colaborar con Satanás en la extensión del caos propiciando tormentas, granizos, matando ganado, ocasionando epidemias y secuestrando, de vez en cuando, algún niño para comérselo. Algo, por otro lado, que los cristianos decentes ya hacían, me refiero a lo de matar niños, ganado, provocar el hambre y crear epidemias. ¿Cómo querían los inquisidores que la gente no deseara ingresar en esta secta?
Todo lo anterior se conoce por los escritos de los inquisidores y las confesiones bajo tortura de las acusadas de tales prácticas. No son estos precisamente unos métodos de investigación histórica muy fiables. Los primeros porque su fanatismo influía de forma decisiva en la interpretación de la realidad y los segundos porque bajo tormento las personas cuentan cualquier cosa para librarse de él.
¿Qué nos queda entonces? ¿cómo podemos saber la naturaleza real del Aquelarre? Es difícil hacerse una idea racional, pero tenemos algunos testimonios más o menos cabales y los conocimientos en farmacopea actuales pueden sernos también de mucha ayuda. Algunos médicos y científicos de la época no acabaron de creerse el cuento. Hubo también eclesiásticos muy críticos con los cazadores de brujas y los inquisidores no fueron todos del mismo parecer. Especialmente los españoles, que nunca dieron mucho crédito a la leyenda. Esto queda demostrado por las poquísimas brujas ejecutadas por la Inquisición Española respecto de las miles asesinadas por las autoridades civiles y eclesiásticas de otros países europeos. Estas personas dejaron escritas versiones menos fantasiosas y más cabales de las prácticas de estas mujeres.
Seguramente hubo reuniones de personas iniciadas en rituales antiguos durante toda la Edad Media y  después. Dentro de estos rituales se encontraban aquellos cuyo propósito era fertilizar los campos. Unos rituales que tras la llegada al poder de la Iglesia o bien fueron santificados, como las romerías, o bien fueron prohibidos, pasando así a ser clandestinos. Las encargadas de dirigir los ritos eran conocedoras de las propiedades alucinógenas de ciertas plantas y animales. Se habían estado usando para muchos propósitos, uno de los cuales era alterar la conciencia de los participantes para hacerles creer que realmente interactuaban con el “otro mundo”.
Y aquí es donde interviene el caldero, para preparar las pócimas necesarias para acudir en condiciones a los aquelarres, las brujas necesitaban guisar alimentos considerados como asquerosos para el resto de la comunidad. Uno de los productos farmacéuticos más popular en el ambiente brujeril era la pomada o el ungüento. Gracias a algunos sabios que guardaron la receta ahora conocemos sus propiedades. La de plantas con propiedades psicoactivas, entre las cuales se encuentran el opio, el hachís y la belladona, hacía de esa sustancia un auténtico coctail de drogas. En este sentido, es realmente interesante el testimonio de  Andrés de Laguna, médico del pontífice Julio III y de Carlos V. Quien estando en Metz hizo «untar de pies a cabeza la mujer del verdugo, que de celos de su marido, había totalmente perdido el sueño y vuéltose casi frenética» 1. El médico consiguió el ungüento de un alguacil, el cual se lo había confiscado a una pareja de brujos ajusticiados. Al parecer, la mujer se durmió profundamente durante día y medio y al despertar exclamó: «¿Por qué en mal punto me despertasteis, que estaba rodeada de todos los placeres y deleites del mundo? Y vueltos a su marido los ojos (el cual estaba todo allí hediendo a ahorcados) díjole sonriendo: Tacaño, hágote saber que te he puesto el cuerno, y con un galán más mozo y estirado que tú. Y diciendo otras cosas muchas y muy extrañas se deshacía porque de allí nos fuésemos y la dejásemos volver a su dulce sueño» 2.
Por otro lado  Giambattista della Porta en su tratado Magia natural publicado en 1652 habla del uso tópico de la pomada: «tras haber frotado la piel de las zonas hasta hacerlas enrojecer [...] para que la virtud de los jugos penetre en el cuerpo y se haga más potente y activa» 3
Además cita una receta obtenida de una hechizada con la siguiente composición:  extracto de belladona (2 gr.), ajo (5 gr.), extracto de beleño (5 gr.), haschisch (6 gr.), harina moteada de cereal (10 gr.), flores de cáñamo hembra (25 gr.) y opio (25 gr.); esa harina contiene posiblemente los alcaloides del cornezuelo, entre otros la amida del ácido lisérgico 4
Los expertos de la época atribuyen propiedades afrodisíacas a estos fármacos, sin embargo durante los años sesenta un profesor de la Universidad de Gottingen organizó un experimento para verificar sus efectos. Él y algunos colegas elaboraron un ungüento elaborado a partir de una receta del siglo XV, luego se lo aplicaron en la nuca y las axilas para comprobar sus efectos. Según sus palabras: cayó rápidamente dormido, soñando que «volaba en espirales, visitando extraños lugares» 5. Pero no relató haber tenido fantasía erótica alguna. Quizá ese deseo se manifestaba durante la reunión o Aquelarre, al tomar las drogas en compañía de otros seres humanos ya predispuestos.
¿Y el dichoso palo? Os preguntareis. Bueno, creo que ahora ya puede ser comprendido su verdadero uso: Se empleaba como dosificador de la famosa pomada. Todo el mundo conoce los supositorios. Son dispositivos diseñados para facilitar la absorción por vía anal de un determinado medicamento. Se elige este orificio porque está muy bien irrigado.
Otro posible candidato a para ser un buen punto de absorción es la vagina, que cuenta igualmente con una buena vascularización.
La utilidad del palo de la escoba estaría ahí precisamente. Se trataba de un dosificador de pomada. Pero no como os imagináis, al menos no siempre de ese modo. Normalmente extendían la pomada sobre el palo y frotaban su vulva. La entrada de las drogas en el torrente sanguíneo les inducía alucinaciones muy similares a las descritas arriba. Así llegaban a creer que volaban hasta el aquelarre, cuando en realidad no se movían del lugar.
Tenían seguramente otras formas de administrarse las drogas, pero esta debía ser muy común. Otra forma de hacerlo era mediante la cópula con hombres –cuyos penes habían sido untados con la pomada – o con objetos. Muchas hacían referencia a que el Demonio tenía el pene frío, casi helado. Sin duda una alucinación producto del efecto vasoconstrictor de la atropina. Si los vasos sanguíneos se contraen llega poca sangre, si llega poca sangre sentimos frío y si estamos en un estado alterado de conciencia podemos atribuir el frío al pene del Diablo o a cualquier otra cosa.
Bueno, esta es una de las muchas explicaciones, debe haber otras. A lo mejor simplemente lo pintó así porque se le ocurrió sin más. Nunca se sabe. Ya he ducho que no es el objetivo de este artículo aclarar qué fueron las brujas. Pero si queréis saber mi opinión se trató de mujeres poseedoras de saberes antiguos relacionados con las religiones ancestrales. Unas religiones donde el papel de la mujer era mucho más activo que en el Cristianismo. Resultaban pues una trasgresión de las normas patriarcales defendidas por la Iglesia. Ese fue su único delito, no seguir a rajatabla los mandatos de sumisión al poder masculino.
Sobrevivieron a Roma, a las invasiones bárbaras y al año mil. Pero el Renacimiento y el siglo XVII acabaron con ellas. Después La Ilustración las terminó con las pocas que quedaban declarando sus rituales como pura superstición.
Además del terrible crimen que supone torturar y quemar a miles de personas – la inmensa mayoría mujeres- se perdieron muchos conocimientos farmacológicos y técnicas de curación. Sin embargo lo peor fue la desaparición de lo que ahora se llama “know how”, la experiencia de millones de mujeres transmitida oralmente desde los tiempos prehistóricos se consumió en el fuego y se perdió para siempre con el humo de las hogueras.


Testimonio del propio Andrés Laguna recogido por Escohotado, Antonio. Historia de la drogas vol I. Alianza Editorial. Madrid 1998
Ibid
Giambattista della Porta. Tratado de Magia natural. Citado por Escohotado, Antonio. Historia de la drogas vol I. Alianza Editorial. Madrid 1998
Escohotado, Antonio. Historia de la drogas vol I. Alianza Editorial. Madrid 1998.
Escohotado, Antonio. Historia de la drogas vol I. Alianza Editorial. Madrid 1998.

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